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don Hugo

hace un par de meses fuimos con el jardín de la escuela a ver la nueva obra de uno de esos realmente grandes del teatro de acá, de aquí parte este palabrerío. Porque acá, sucede algo importante, que no debemos dejar de notar: hay artistas de gran calidad que orientan su expresión su creatividad a la niñez. Artistas, que, como este hombre a quien dedico el post, enfocan su capacidad creativa hacia el espectador y no hacia el bolsillo de sus padres; cuyas obras no son privativas a un sólo público por estar vacías de todo contenido sino que conmueven y atraviesan a todo aquel que las presencie. Gente de la música, gente de las letras, gente de las plásticas, gente del teatro. Quizás suenen por ahí algunos apellidos como Villafañe, Roldán, Devetach, Walsh, por decir algunos.

MIDÓN

ese también suena en muchas cabezas. Bah, suena, baila, canta, se ríe, se son ríe. Recuerdos de infancia en muchos jóvenes ha generado este hombre. En mí, por ejemplo y sin ir más lejos, que siendo enano salía cantando y bailando alegremente de la mano de mi madre luego de flotar durante una hora en un mar de risas y canciones gozando sus obras teatrales. En muchos niños y ex niños que tuvieron el placer inmenso de zambullirse en uno de sus musicales.

GIANNI

como músico fue conmocionante volver a escuchar canciones que cante hasta el hartazgo (de mis oyentes, claro) y que aún hoy mantengo cristalizadas en mi memoria: sus letras, sus melodías, sus arreglos. En el Carlos Gianni es el secuaz de don Hugo en esto de hacer musicales. porque claro, podemos bailar, recitar una letra, zapatear e incluso gritar; pero no hay musical sin música. Y ahí entra el sr. Gianni, que le pone melodías a las palabras para que entre bailoteando suavemente por nuestros oídos niños y por nuestro oídos adultos. El que arma las canciones de cada obra, que graba cada tema y nos presenta una degustación de estilos varios (cumbias, tangos, chachachás, gospels, swing y tanto, pero tanto más) tan bien logrados.

La cuestion es que fuimos a ver Playa Bonita, la nueva obra de estos muchachos de poca trayectoria (como treinta años o más). Un éxito rotundo fue. Una obra bien lograda, con actrices y actor jóvenes con sus cuerpos y sus voces tiki tiki tiki por todo el escenario moviendosé. Kary, la profe de música del jardín (y fana como nosotros de don Hugo y su pandilla) se reía de mí, diciendo que parecía un nene más mirando la obra, riendome. Disfrutando.

Bueno, ahora se viene la info:

La obra playa bonita se presenta en el Teatro La Comedia los fines de semana y feriados a las 16 hs. Dirección: Rodriguez Peña 1062 Cap Fed. Tel: 4815-5665.

Hugo Midón tiene una escuela de teatro para chicos y lo pueden encontrar en su págin web http://www.hugomidonteatro.com.ar/

Carlos Gianni tiene también su página web (con él se pueden contactar para conseguir los discos originales de las obras y no se si videos) http://www.440pm.com/.

Algunos Videos de YouTube:

Entrevista a Hugo Midón:

Fragmento de la obre Stan & Oliver:

Fragmento de la obra La Trup Sin Fin

Dejo discos para que se bajen y escuchen estas canciones excelentes:

La Vuelta a la Manzana (1970)

Vivitos y Coleando II (1991)

Vivitos y Coleando III (1994)

Locos Recuerdos (1995)

Objetos Maravillosos (1999)

Saludos a todos, nos estamos viendo pronto!

PuenteDePalabras

http://www.youtube.com/watch?v=oUzLo4Tuf88

vacaciones in door

“…

Para empezar hay dos ideas muy instaladas, y que no se han revisado debidamente. Una es: los niños no leen o leen cada vez menos; y la otra: los niños no oyen radio. Esto desemboca en que el medio ideal sea la televisión. Si un anunciante tiene un producto infantil, raramente va a pensar en invertir en otra cosa que no sea tv. Al menos, sin duda, no es lo que le aconsejarí­a su publicista. Esto hace que sea muy raro colocar un programa infantil de radio en una radio comercial. Entonces quedamos con la única opción de FM de barrios y colonias, o radios estatales. Y acá, para nuestra sorpresa, por obra y arte del neoliberalismo, nos encontramos con que el Estado se ha propuesto ser autofinanciable. Lo cual, y aunque éste no sea el ámbito adecuado para discutirlo, nos parece aberrante porque si el Estado no apuesta y no arriesga por lo que considere su proyecto de paí­s, ¿quién se supone que lo va a hacer? Pero, bueno, imaginemos a un productor de un programa infantil que ahí­ va con su propuesta a una radio estatal y se encuentra con la sorpresa de que le quieren vender el tiempo de aire. Esto es una realidad de varios paí­ses. Ahí­ sí­ que estamos perdidos, porque ¿quién va a querer invertir su dinero en un programa infantil que sale en una radio del estado? Nadie. Sólo una tí­a soltera de nuestro amigo productor. Pero como no queda bien que en la cortina diga “Este programa está patrocinado por la tí­a Carmen”, nuestro productor va a buscar una radio estatal que no venda su tiempo de aire. Hoy dí­a, una especie sumamente rara y escasa; pero que por fortuna para la salud de la cultura y nuestros paí­ses, se sigue encontrando. Mi propio programa se transmite por Radio Unam, y con el apoyo de la Unidad de Publicaciones Educativas de la Sep, Unicef y la Embajada Argentina. Pero sigamos con el caso de nuestro productor imaginario. Ya halló una radio en donde hacer su programa; pero ahora se va a encontrar otro problema ¿quién lo va a oí­r, además de la tí­a Carmen? Como todos sabemos, las radios estatales tienen menos audiencia que las radios comerciales; y por lo general están ligadas a propuestas culturales, que, a su vez, tienen menos audiencia que las comerciales. Y además, pero esto lo desarrollaremos más adelante, trabajar para niños también tiene menos “rating” que trabajar para adultos. O sea que estamos en las orillas de las orillas de las márgenes del sistema. Es un milagro si nos oye alguien. Siempre estamos al borde de preguntar “¿Hay alguien ahí­…?”. Por más que recibamos muchas llamadas de distintas colonias, sabremos que siempre es la tí­a Carmen que está fingiendo la voz.

Los niños son muy importantes, sin embargo trabajar para niños, no lo es. Si nos atreviéramos a afirmar eso públicamente provocarí­amos un escándalo, sin embargo ése es un doble mensaje de nuestra sociedad que no declara eso, ni permite que sea dicho; pero que eso es exactamente lo que actúa.”…

L.M. Pescetti, Fragmento de “Radio Para Niños“, Ponencia leí­da en la Bienal de la Radio, Mexico D.F., Universidad del Claustro de  Sor Juana.

Por favor, entren al link del artículo y lean esa excelente nota de Pescetti, realmente vale la pena.

si hay algo que entiendo como bien manejado del Estado actual es la política de medios públicos. Lo que se ha logrado en la televisión con Encuentro (por fin un canal educativo que no tenga una voz en off en inglés con la traducción española encima) y el canal 7 (recordemos el ATC de los ultimos tiempos); o lo que son hoy las radios nacionales (AM 870, Clásica 96.7 y Folklórica 98.7). Programaciones de calidad, producciones nacionales con artistas de excelente trayectoria (Lalo Mir, Mex Urtizberea, Adrián Paenza, entre otros) con hits como “Peter Capusotto y sus videos”, son muchas las cosas que hoy en día cambiaron en estos medios.

Atravesamos unas vacaciones con mucho tiempo en casa. Particularmente me moría de ganas de hacer una agenda con un montón de obras de teatro y eventos artísticos para chicos y grandes, pero parece ser que hay que quedarse en en la cucha, ni siquiera cine… En unos días, ahora que se empieza a disipar el peligro, y parece volver el teatro, presentaré una agenda para salir. Hoy, vamos con algo para quedarse adentro.

Primero que nada, aquél lugar donde la palabra manda a toda voz: La Radio. Aquí tienen la programación de radio Nacional Am 870.

El Rey Mocho

El Rey Mocho, por Carmen Berenguer

"El Rey Mocho", por Carmen Berenguer

El año pasado, por el jardín se anduvo contando un cuento. Un cuento que se anduvo repitiendo por ahí. El rey Mocho se llama, y lo escuché en Venezuela, de la boca de un joven narrador en El Banco del Libro. Estrenado en la sala de cuatro del jardín de la escuela, obtuvo una respuesta realmente potente por parte del público: esa tarde, la maestra me cuenta que al salir al arenero del jardín algunos chicos habían cavado pozos, arrojando allí dentro sus mejores secretos. Con ese feliz comienzo recorrió los pasillos de la escuela, por los que aún hoy, si una camina silencioso, se puede escuchar “…el rey es mocho… no tiene oreja …  por eso usa … peluca vieja …”. El cuento fue creado por la escritora chilena Carmen Berenguer, en el libro “El Rey Mocho” editado por Ekaré en el año 1992. Aquí el cuento, narrado por Giselle Rataus en el año 2009.

Parte I

Parte II

Espero que les guste, hasta la próxima!

Uruguay, 1975, un grupo de músicos uruguayos comienza a darle forma a un colectivo musical denominado “Canciones para no dormir la siesta”. Su música, dirigida a los niños de su país supo también cautivar al público adulto y al público de más allá de las fronteras del “paisito”. La combinación de excelentes poesías y realizaciones exquisitas de diferentes ritmos latinoamericanas, sumado a la presencia de la narración y los ricos arreglos corales e instrumentales del grupo le dieron un tono único en la música infantil latinoamericana. Sus letras, a diferencia del común patrón en el arte para niños (particularmente en esa época), son cargadas de contenido e interés, llevando la contra a la insana costumbre de considerar a los niños como tontos que tantos otros llevaron y llevan adelante. Esta música la escuché cuando era niño, como tantos otros lo hicieron y lo gozaron, aún hoy recuerdo de memoria muchas de sus letras. Para bajar, grabar en cd y escuchar todos, para no dormir la siesta…

Para más información sobre este conjunto, wikipedia o este artículo en la página de la ciudad de Montevideo.

Un audiovisual con una narración y canción del grupo

Los discos están subidos a Rapidshare, un sitio de descarga directa de archivos. Esta tecnología es la que usaré para compartir discos y películas con ustedes; son grandes servidores donde uno puede subir archivos de gran tamaño para compartir por internet. Para bajar, deben clickear en el hipervínculo que los llevará a la página del servidor, seleccionar la opción “Free User” y esperar a que se cumpla un contador de segundos, una vez cumplido, aparecerá el botón de descarga. Rapidshare no permite la descarga simultanea de archivos.

Links para bajar dos discos (cuando encuentre otros los paso):

Canciones para Usar (1983)

Canciones para no dormir la siesta (1979)

Canciones para no dormir la siesta 2 (1982)

Aquí un excelente poema de Nicolás Guillén (1902-1989), poeta cubano recomendadísimo por Puente de Palabra. Gran parte de su porducción trata la sonoridad rítmica de las palabras, particularmente las de origen africano, más allá de su significado puntual. Para leer pa dentro y pa fuera, en voz alta y en voz baja. Para escuchar con los ojos cerrados o abiertísimos antes de dormir, y soñar, quizás, que vamos a la jungla, con pasos seguros y silenciosos cazar a Sensemayá, la culebra… Acompaño con el poema sinfónico “Sensemayá”, una traducción al lenguaje de la música, realizada por el compositor mexicano Silvestre Revueltas y con una musicalización de las palabras, realizada por el grupo Inti Illimani.

Sensemayá o canto para matar a una culebra (1934)

de Nicolás Guillén

¡Mayombe–bombe–mayombé!
¡Mayombe—bombe–mayombé!
¡Mayombe–bombe–mayombé!

La culebra tiene los ojos de vidrio;
la culebra viene y se enreda en un palo;
con sus ojos de vidrio, en un pato,
con sus ojos de vidrio.
La culebra camina sin patas;
la culebra se esconde en la yerba;
caminando se esconde en la yerba,
caminando sin patas.

¡Mayombe—bombe–mayombé!
¡Mayombe–bombe–mayombé!
¡Mayombe—bombe–mayombé!

Tú le das con el hacha, y se muere:
¡dale ya!
¡No le des con el pie, que te muerde,
no le des con el pie, que se va!

Sensemayá, la culebra,
sensemayá.
Sensemayá, con sus ojos,
sensemayá.
Sensemayá, con su lengua,
sensemayá.
Sensemayá, con su boca,
sensemayá …

¡La culebra muerta no puede comer;
la culebra muerta no puede silbar;
no puede caminar,
no puede correr!
¡La culebra muerta no puede mirar;
la culebra muerta no puede beber;
no puede respirar,
no puede morder!

¡Mayombe—bombe–mayombé!
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe–bombe–mayombé!
Sensemayá, no se mueve…
¡Mayombe—bombe–mayombé!
Sensemayaá, la culebra…
¡Mayombe—bombe–mayombé!
¡Sensemayá, se murió!

en “Gramática de la Fantasía”, Gianni Rodari, 1993, Ediciones Colihue/Biblioser (también lo editó Alfaguara, hoy en día se puede conseguir RECOMENDADÍSIMO)

Si tiramos una piedra, un guijarro, un «canto», en un estanque, produciremos una serie de ondas concéntricas en su superficie que, alargándose, irán afectando los diferentes obstáculos que se encuentren a su paso: una hierba que flota, un barquito de papel, la boya del sedal de un pescador… Objetos que existían, cada uno por su lado, que estaban tranquilos y aislados, pero que ahora se ven unidos por un efecto de oscilación que afecta a todos ellos. Un efecto que, de alguna manera, los ha puesto en contacto, los ha emparentado.

Otros movimientos invisibles se propagan hacia la profundidad, en todas direcciones, mientras que el canto o guijarro continúa descendiendo, apartando algas, asustando peces, siempre causando nuevas agitaciones moleculares. Cuando finalmente toca fondo, remueve el limo, golpea objetos caídos anteriormente y que reposaban olvidados, altera la arenilla tapando alguno de esos objetos y descubriendo otro. Innumerables eventos o microeventos se suceden en un brevísimo espacio de tiempo. Incluso si tuviéramos suficiente voluntad y tiempo, es posible que no fuéramos capaces de registrarlos todos.

De forma no muy diferente, una palabra dicha impensadamente, lanzada en la mente de quien nos escucha, produce ondas de superficie y de profundidad, provoca una serie infinita de reacciones en cadena, involucrando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, y que se complica por el hecho que la misma mente no asiste impasiva a la representación. Por el contrario interviene continuamente, para aceptar o rechazar, emparejar o censurar, construir o destruir.

Tomo por ejemplo la palabra «canto», porque sugiere un objeto arrojadizo… Cayendo en la mente, arrastra, golpea, evita, en suma: se pone en contacto

- con todas las palabras que empiezan con «C», aunque no continúen con la «a», como «ceniza», «cien», «conejo»;

- con todas las palabras que comienzan con «ca», como «casa», «cabeza», «cabina», «calle», «catedral», «camino»;

- con todas las palabras que riman con «anto», como «santo», «manto», «cuanto», «tanto», «otranto»;

- con todas las palabras que ideológicamente se les aproximan, por vía de su significado: «piedra», «guijarro», «roca», «peña», «peñasco», «adoquín», «mojón», «ladrillo»; etc.

Éstas son las asociaciones más fáciles. Una palabra golpea a otra por inercia. Es difícil que esto baste para provocar la «chispa» (pero nunca se sabe).

Pero la palabra continúa cayendo en otras direcciones, profundiza en el mundo del pasado, pone a flote presencias sumergidas. «Canto», en este caso, es para mi «Santa Caterina del Sasso» (Santa Catalina de la Peña), un santuario emplazado sobre un gran peñasco, a la orilla del lago Mayor… Íbamos en bicicleta, íbamos juntos, Amedeo y yo. Nos sentábamos bajo un fresco pórtico, a beber vino blanco y a hablar de Kant. A veces coincidíamos en el tren, ambos éramos estudiantes de música. Amedeo llevaba un gran abrigo azul. Algunos días, bajo el abrigo, se adivinaba el bulto del estuche de su violín. El asa de mi estuche estaba rota y tenía que llevarlo bajo el brazo… Amedeo se alistó en los Alpinos y murió en Rusia.

En otra ocasión, la figura de Amedeo me vino a la mente por una «evolución» de la palabra «ladrillo», que me recordó ciertos hornos o ladrillares, en la llanura lombarda, y largas caminatas en la niebla, o en los bosques… A menudo, Amedeo y yo pasábamos tardes enteras, en esos bosques, hablando de Kant, de Dostoyevski, de Montale, de Alfonso Gatto. Las amistades de los dieciséis años son las que dejan las señales más profundas. Pero esto, aquí no interesa. Lo que interesa es la forma en que una palabra, escogida al azar, funciona como una «palabra mágica» para desenterrar campos de la memoria que yacían sepultados por el polvo del tiempo.

De manera no muy diferente actuaba el sabor de las magdalenas en la memoria Proust. Y, después de él, todos los «escritores de la memoria» han aprendido, y hasta han abusado, de los ecos escondidos en las palabras, los olores, los sonidos. Pero nosotros queremos escribir historias para niños y no narraciones que nos ayuden a recuperar el tiempo perdido. Si acaso, de cuando en cuando, será útil y hasta divertido jugar con los niños al juego de la memoria. Cualquier palabra podrá ayudarlos a recordar «aquella vez que…», a identificarse con el tiempo que pasa, a medir la distancia entre ayer y hoy, aunque sus «ayeres» sean todavía, por suerte, pocos y no muy complicados.

El «tema fantástico», en este tipo de evoluciones a partir de una sola palabra, nace cuando se crean «aproximaciones extrañas», cuando en el complejo movimiento de las imágenes y sus interferencias caprichosas, surgen parentescos imprevisibles entre palabras que pertenecen a cadenas diferentes. «Ladrillo» trae consigo (en una sucesión de imágenes y rimas): «piedra», «mojón», «canto», «canción»…

Ladrillo y canción se me presentan como una pareja interesante, aunque no tan «bella como el fortuito encuentro entre una sombrilla y una máquina de coser sobre una mesa anatómica» (Lautréamont, Los cantos de Maldoror). En el confuso conjunto de las palabras hasta aquí evocadas, «ladrillo» es a «canción», lo que «canto» o «guijarro» (por su rima) es a «guitarro». Aquí, el violín de Amedeo añade probablemente el elemento afectivo y favorece el nacimiento de una imagen musical.

He aquí una casa musical. Construida con ladrillos musicales, con piedras musicales. Sus paredes, tocadas con unos palillos, nos brindan todas las notas posibles. Sé que hay un do sostenido encima del sofá, el fa más agudo está debajo de la ventana, el pavimento suena en si bemol mayor, una tonalidad excitante. Hay una estupenda puerta atonal, serial, electrónica: basta insinuar un ligero toque con los dedos para obtener una escala a la Nono-Berio-Maderna, que haría delirar a Stockhausen (alguien que entra en esta historia con más derecho que nadie por el «haus», «casa», de su apellido).

Pero no se trata sólo de una casa. Hay todo un pueblo musical con una casa-piano, una casa-harpa, una casa-flauta… Es un pueblo-orquesta. Al caer la tarde, sus habitantes, tocando sus casas, ofrecen un maravilloso concierto antes de ir a dormir… De noche, mientras todos duermen, un prisionero toca las barras de su celda… etc. La narración, a partir de aquí, vuela con sus propias alas.

Creo que el prisionero ha hecho su entrada en el cuento gracias a la rima entre «canción» y «prisión», que en un principio me había pasado por alto, y ha acabado por manifestarse por sí misma. Las barras aparecen como una consecuencia lógica. Pero, pensándolo mejor, podría ser que me las haya sugerido el título de una vieja película, que de improviso me ha venido a la mente: Prisión sin barrotes.

La imaginación puede tomar ahora otro camino: Desaparecen las barras de todas las prisiones del mundo. Escapan todos. ¿También los ladrones? Sí, también los ladrones. Es la prisión la que produce los ladrones. Desaparecida la prisión, acabados los ladrones… Y aquí noto cómo en el proceso aparentemente mecánico de la creación de la historia, mi ideología va haciendo su aparición, va tomando forma como si se ajustase a un molde, al tiempo que lo modifica. Siento el eco de lecturas antiguas y recientes. Desde sus distintos mundos, los silenciados piden ser nombrados: los orfanatos, los reformatorios, los asilos de ancianos, los manicomios, las aulas docentes. La realidad irrumpe en el ejercicio surrealístico. Al final, si este pueblo-musical llega a convertirse en una historia, puede ser que no se trate tan sólo de una fantasía, sino de un sistema de redescubrir y representar con formas nuevas la realidad.

Pero la exploración de la palabra «canto» no ha acabado. Aún me queda rechazarla en su significado y en su sonido. Tengo que descomponerla en sus letras. Debo descubrir las palabras que he rechazado sucesivamente para llegar a su pronunciación; Escribo las letras una debajo de la otra:

-C

-A

-N

-T

-O

Ahora junto a cada letra puedo escribir la primera palabra que se me ocurra, obteniendo una nueva serie (por ejemplo: «casa-abogado-nariz-tonto-oso»). O puedo —y será más divertido— escribir junto a las cinco letras cinco palabras que formen una frase completa, así:

C – Cada

A – año

N – nacen

T – treinta

O – ovejas

No sabría qué hacer, en este momento, con treinta ovejas anuales, excepto usarlas para construir un «disparate en verso»:

Treinta ovejas anuales

son mis rentas actuales… etc.

No hay por qué esperar un resultado positivo a la primera. Hago un nuevo intento, con la misma serie de letras:

C – Coloco

A – a

N – nuestros

T – trescientos

O – oboes

«Trescientos» es una prolongación automática de la palabra «treinta» de la serie anterior. Los «oboes» se relacionan directamente con la historia musical antes narrada. Y, de cualquier manera, una agencia musical que disponga de trescientos oboes y sea capaz de colocarlos, es una imagen que por su optimismo vale la pena.

Personalmente he inventado muchas historias partiendo de una palabra escogida al azar. Una vez, por ejemplo, partiendo de la palabra «cuchara», obtuve la siguiente cadena: «cuchara-Cocchiara» (pido perdón, ante todo, por el uso arbitrario, aunque no malintencionado, de un nombre ilustre, que lo es también en el campo de la fábula…) – «clara / clara de huevo / oval / órbita / huevo en órbita». Aquí me detuve y escribí una historia titulada: El mundo en un huevo, que está a medio camino entre la ciencia-ficción y la tomadura de pelo.

Podemos dejar ahora la palabra «canto» a su suerte. A pesar de no haber agotado todas sus posibilidades. Paul Valéry ha dicho: «Ninguna palabra resulta comprensible si se la estudia a fondo». Y Wittgenstein: «Las palabras son como la película superficial de las aguas profundas.» Las historias se consiguen, justamente, nadando bajo el agua.

Por lo que se refiere a la palabra «ladrillo», recordaré el test americano de creatividad de que habla Marta Fattori en su libro Creatividad y educación. Con este test, se invita a los niños a dar una lista de todos los usos posibles de un «ladrillo». Tal vez, la palabra «ladrillo» se ha fijado tan insistentemente en mi imaginación por haber leído recientemente sobre este test, en el libro de la Fattori. De cualquier modo, tests como éste no tienen como finalidad el estimular la creatividad infantil, sino el medirla para «seleccionar los niños con más imaginación», como otros tests se realizan para seleccionar a «los mejores en matemáticas». Tendrán su utilidad, no cabe duda, pues sus fines pasan por encima de los intereses de los mismos niños.

El ejemplo del «canto en el estanque», que acabo de ilustrar, se mueve, en cambio, en sentido contrario: debe servir a los niños, no servirse de ellos.

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